La gruta
Grotta Giusti Terme es un don de la naturaleza destinado al hombre.
En la Toscana más bella, rica de encantadoras colinas, de ciudades de arte y
cultura, se encuentra una obra de arte: Grotta Giusti. La gruta milenaria, maravillosa
e intacta, encerrada entre las rocas carbónicas del monte que las aloja, se extiende
por más de doscientos metros bajo suelo creando laberintos subterráneos, decorados
de estalactitas y estalagmitas y espaciosas cuevas .En el fondo de la cavidad
se acomoda un espejo cristallino de aguas termales calientes, que emanan un beneficioso
y terapéutico vapor. Las amplias bóvedas de las rocas diseñan ideales salas donde
permanecer para una desintoxicante sauna natural. Abandonarse sobre una hamaca
para conseguir una total relajación, seguros del contacto con la roca y envueltos
de sus vapores es un placer exclusivo, el secreto que ha hecho famosa Grotta Giusti.
La extensión de los espacios subterráeos es tal que consiente la selección del
rincón con la temperatura más adecuada a uno mismo. Yendo desde la entrada hacia
la parte más profunda de la gruta, se pasa de hecho por tres zonas, cada una de
las cuales goza de una temperatura mayor que la anterior, de manera que la tradición
las ha bautizado con los nombres de Paraíso, Purgatorio e Infierno.
El Limbo se encuentra en un pintoresco y pequeño lago donde el agua mantiene una temperatura
constante verano e invierno de 36°C. Asimismo la temperatura del aire sufre limitadísimas variaciones estacionales,
oscilando alrededor de los 31°C en la primera cavidad con un progresivo aumento de temperatura llegando al máximo
a los 34°C con un nivel de humedad de aproximadamente 100%.
La presión atmosférica interna es constante e igual a la externa en todas las
zonas de la Gruta. Un inexplicado mecanismo natural garantiza un constante y eficaz
cambio de aire que rinde plácida y gustosa la permanencia en la Gruta a pesar
de la elevada sudoración provocada por el alto porcentaje de humedad más que por
la temperatura misma.
Los vapores de las ricas aguas termales generan un natural baño de salud y desintoxican
el organismo produciendo un bienestar general de todo el cuerpo.
La extrordinaria historia
Hace mucho tiempo, en 1849, el caballero Domenico Giusti, administrador de bienes de una de las familias más ricas de Monsummano, fue informado de que algunos jornaleros, trabajando en una cueva de cal en
la colina detrás del pueblo, habían encontrado una cueva hasta entonces cubierta
por una gran roca. Lanzando piedras se convencieron de que en el fondo había agua.
El caballero, lleno de curiosidad, hizo ensanchar el acceso y pidió a algunos
voluntarios que descendieran con cuerdas en aquel misterioso pozo natural.
El escenario que apareció a los ojos de los valientes exploradores se reveló
tan maravilloso como inesperado. Al salir de la gruta contaron las admirables estalactitas y estalagmitas que colgaban de las bóvedas y se erguían del suelo, y el pequeño lago de agua caliente que invadía todo el ambiente con sus vapores provocando una intensa sudoración
en todos los que, embriagados del insolito paisaje, permanecían por un tiempo
a gozar del espectáculo.
Uno de ellos estaba convencido de sentirse mejor, como si los dolores de las
articulaciones que desde años lo afligían hubieran desaparecido de repente.
La noticia se extendió rápidamente más allá de los confines de la zona, y los
beneficiosos efectos que la gruta producía en las personas con dolores articulares despertaron el interés de eminentes médicos que estudiaron el fenómeno y encontraron
significativas confimaciones científìcas sobre la eficacia clínica del tratamiento.
El caballero Domenico, visto el suceso del descubrimiento, decidió construir
algunos «estancias de cura» con el objetivo de rendir más comodo la estadía a
todos aquellos que, cada vez màs numerosos, solicitaban estar en aquella atmosfera milagrosa.
Inició así el más antiguo establecimiento, que con innumerables ampliaciones
y transformaciones dio origen y se convirtiò en los actuales ambientes de recibimiento
de Grotta Giusti Terme.
En tanto la fama de los «baños de vapor» y de sus sorprendentes resultados excedían
los confines italianos y los extranjeros, especialmente franceses e ingleses,
que empezaron a frecuentar, cada vez más, el Regio Establecimiento. También Giuseppe Garibaldi en el año 1867, tuvo ocasión de constatar la eficacia y quiso agradecerlo a los propietarios
de la Gruta enviándoles una carta con un evidente tono entusiasta. En el 1880 fue construido el Hotel Real que acogió entre otros al Principe de Nápoles y a Giuseppe Verdi.
En el curso de los años, el interior de la gruta ha sufrido notables cambios
que sin alterar la primitiva y natural belleza han hecho más seguo y confortable
el recorrido de los visitantes.
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